top of page

La Comuna de Paris moderna

  • hace 10 horas
  • 7 min de lectura

Cómo la juventud de Bakur se levantó en defensa de la vida comunal


Por Marcos Pacheco



Los fuegos artificiales iluminan el cielo de rojo, verde y amarillo en mitad de la noche. En las calles, hay hogueras encendidas por todas partes y gente de todas las edades se reúnen a su alrededor. Muchos bailan en círculos al ritmo de la música ensordecedora que suena a través de los altavoces. Cada vez que la música para, los jóvenes usan sus potentes voces para cantar las canciones por sí mismos, que el resto de la gente repite por turnos.


La mayor multitud está reunida en “Mala Gel”, la Casa del Pueblo que ha sido recientemente abierta. Pero la gente del barrio la llama, en broma, la “Casa de Dios” porque es como una mezquita que siempre está llena y en la que todo el mundo entra y sale a su antojo. Mientras, todas las instituciones del estado y de los partidos políticos permanecen casi vacíos. En vez de acudir a ellos, la gente viene aquí a resolver sus problemas, organizarse y ayudar. Se ha convertido en el nuevo corazón de la ciudad, donde palabras como política, democracia y comunidad están siendo resignificadas.


Incluso con tanto ruido y actividad, no hay ni un solo policía a la vista. Ninguno se atreve a venir sin el apoyo de alguna inmensa operación militar. En lugar de eso, grupos de gente joven del barrio, independientemente de su género, hacen turnos para hacer guardia detrás de las barricadas que han construido en las carreteras principales. Llevan las caras cubiertas para proteger su identidad, pero su energía y determinación se palpa a través de las bufandas. Las madres del barrio les traen comida con frecuecia y todo el mundo les abre sus casas para que puedan dormir y descansar siempre que lo necesiten.


Más tarde, esa misma noche, la gente joven se reúne, formando una única y enorme columna mientras marchan por la ciudad. A medida que avanzan, toman por completo varias de las principales carreteras, cortando el tráfico. Llevan piedras y cocktails Molotov que lanzan a cualquier coche de policía que se atreva a acercarse a ellos. Más fuegos artificiales estallan sobre sus cabezas como una energía eléctrica que se transmite de cuerpo a cuerpo. En los meses próximos muchos de ellos caerán en batalla o serán enviados como prisioneros a las prisiones inhumanas del estado Turco. Pero hoy las calles les pertenecen. A los jóvenes y atrevidos, que llevan consigo los sueños de todas las generaciones anteriores. Hoy éste es su barrio. Su ciudad. Su tierra.


Una década después, aún oímos los ecos de la lucha de Bakur

Es 15 de agosto de 2015 en la ciudad de Cizre, situada en el corazón de Botan, una de las regiones de mayoría kurda que hoy se considera parte del estado Turco. Tan solo unos días antes, la gente de la ciudad, junto a la de otras ciudades como Şirnexê, Amed and Nisêbîn, anunciaron su administración autónoma. Esto llegó tras años de negociaciones fallidas con el estado Turco para llegar a una solución pacífica, que terminaron definitivamente cuando el gobierno abandonó la mesa de negociaciones para reanudar los ataques físicos. A pesar de que las ciudades kurdas no tienen intención de separarse de Turquía, con este movimiento declaran que ya no reconocen la autoridad del estado para decidir su destino y que recuperan el control de sus vidas. Este movimiento por la autonomía no llega de la nada, sino que es el resultado de años de preparación y organización tras una transformación ideológica profunda en el Movimiento por la Liberación del Kurdistán.


Desde que acabó el siglo XX, el movimiento se ha alejado de sus orígenes marxistas – leninistas y la estrategia de la liberación nacional para adoptar la estrategia de la Sociedad Democrática Socialista. Inspirado por los escritos del líder Kurdo y prisionero político Abdullah Öcalan, ya no busca “conquistar el estado” ni espera de éste que responda a sus peticiones. Pero tampoco significa intentar destruirlo inmediatamente. En lugar de ello se centra en organizar a la sociedad fuera del estado, construyendo la capacidad de ésta de proveerse a sí misma y permitiendo a la gente tomar decisiones sobre su propia vida y resolver problemas en conjunto. Aún interactúan con las instituciones del estado, pero solo cuando así consiguen aumentar el espacio de la sociedad para organizarse a sí misma.


Construyendo el sistema comunal

En Bakur (la parte norte de Kurdistán que está en la frontera turca) este proceso empezó en 2009 a través del establecimiento de consejos en los vecindarios, distritos y ciudades y con comunas fundadas en los pueblos. En ellas, la gente tomaba decisiones sobre cómo la vida debía organizarse y trabajaba conjuntamente con organizaciones representativas de la sociedad política y civil para hacer estas decisiones. Dividían su trabajo en diferentes comités, que se encargaban de temas sociales, políticos e ideológicos, así como otros que trataban con la justicia y la diplomacia. Además, muchos proyectos y organizaciones se crearon para satisfacer las necesidades de la sociedad: cooperativas de trabajadores, iniciativas artísticas y educativas y organizaciones independientes para las mujeres y la juventud entre muchas otras.


Como la liberación de la mujer es un principio fundamental del movimiento, éste impulsa y organiza a las mujeres para tener una participación y toma de decisiones igualitaria con respecto a los hombres, y este esfuerzo fue uno de los mayores éxitos. Este sistema de co – presidencia fue implementado en todas las instituciones, por lo que toda posición de liderazgo estaba formada por un hombre y una mujer en conjunto. En coherencia con esto, las estructuras autónomas dieron a las mujeres el espacio para encontrar sus propias perspectivas y construir su propio poder, alejadas de la influencia masculina. Esto dio a las mujeres fuerza para participar en estructuras mixtas y articularse a sí mismas y sus posiciones colectivamente.


A pesar de que la gran represión del estado hizo este proceso complicado, los resultados se pueden ver claramente puesto que una gran parte de la población de volvió política y socialmente activa en las vidas de la gente y de sus comunidades. Cada vez que la policía llegaba al vecindario, el mensaje se extendía rápidamente y el barrio se movilizaba para gestionarlo. Cada vez que la policía hacía redada en alguna institución y los responsables eran arrestados, al día siguiente personas nuevas llegaban para reabrir la institución y asumir su trabajo. La gente esperaba acabar en prisión tarde o temprano, así que se organizó para convertir las cárceles en academias de educación política.


Una de las principales fuentes de dinamismo y energía en este proceso fue el movimiento juvenil. Los jóvenes son sobre todo conocidos por su rol en protestas y acciones, pero también tomaron la iniciativa en la organización de actividades para reavivar la cultura kurda reprimida, se organizaron contra las actividades de traficantes de drogas y bandas criminales y para educarse a sí mismos políticamente. La juventud tuvo sus propios consejos autónomos pero también participó en los generales para impulsar el cambio radical y la expansión de la revolución.


La Comuna Moderna de París

Para sofocar la feroz resistencia de la juventud kurda, el estado envió el ejército a las ciudades, prácticamente demoliendo algunos barrios con sus bombas y tanques. A pesar de ello parte de esta juventud continuó resistiendo y fue capaz de mantener la lucha durante meses bajo los incesantes ataques del estado. E incluso aunque esto fue un contratiempo para la auto organización de la sociedad, ejemplos como los de Şehîd Çiyager Hêvî, Şehîd Faraşîn Sidar y muchos más que cayeron mártires en esta lucha aún hoy inspiran a las nuevas generaciones de gente joven a tomar el relevo y continuar su camino.


Aunque esta fase particular de la lucha quizás haya acabado, lo que sucedió en Kurdistán del Norte fue una experiencia del auto – gobierno de la gente a unos niveles nunca vistos anteriormente en el siglo XXI. Porque aunque incluso la Revolución de Rojava tuvo lugar 3 años antes, la situación en Bakur era muy diferente. El estado turco no había colapsado como en Siria, pero aun así el movimiento fue capaz de erosionar lentamente su legitimidad a través de 40 años de organización y, aún más importante, de construir una alternativa real a ello. Demostró que este modelo e ideología puede funcionar en un contexto moderno.


Al igual que el movimiento Kurdo empezó con un pequeño grupo de gente joven en las universidades, combinando su profundidad ideológica con la militancia de la juventud, las luchas sociales del siglo XXI han estado definidas por grandes movilizaciones populares de gente joven durante periodos de inestabilidad social. Ya no están confinadas en las fábricas, sino que el principal lugar de lucha es el espacio público, las plazas y las ciudades. Pero aún nos queda una pregunta: ¿qué viene después? ¿Cómo podemos convertir estos estallidos momentáneos en cambios a largo plazo?


Aquí es donde la experiencia en Bakur puede enseñarnos un camino hacia delante. Mientras que muchos movimientos sociales están atascados entre la necesidad de alcanzar metas concretas y la dificultad de tratar con la violencia del estado sin comprometer los propios ideales y objetivos socialistas, la juventud en Bakur fue capaz de romper con este punto muerto. Así que aunque quizás no pudieron superar completamente cada reto que afrontaron, sus éxitos demuestran que este camino puede dar esperanza a la generación actual de gente joven que busca una luz que le guíe en medio de la oscuridad en la que este mundo se ha sumido. Hoy, la lucha continúa en Bakur y en cada parte de Kurdistán. Cada sacrificio hecho forma la base de los nuevos desarrollos ideológicos y prácticos que se expanden por todos lados. Al igual que los eventos de la Comuna de París abrieron el periodo del socialismo “clásico” que duró hasta la caída de la Unión Soviética, también la “Comuna de Bakur” y la Revolución de Rojava han inaugurado la lucha por un nuevo socialismo en el siglo XXI. Uno que está siendo dirigido por las mujeres y jóvenes militantes de todo el mundo y que se expande allá donde van.

bottom of page