Imagina lo imposible
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La revolución de 1968
Teresa Coppola
¿Quiénes son los jóvenes de 1968? ¿Qué similitudes existen entre ese momento y los tiempos que estamos viviendo hoy en día? ¿Cómo podemos reimaginar un mundo diferente, incluso cuando parece imposible?
Si miramos a la juventud a lo largo de la historia, es, sin duda, una parte de la sociedad que conduce a la acción a largo plazo1 Dentro de esta corriente que aún fluye hoy queremos destapar los mecanismes de la historia que fueron cruciales y marcaron una dirección diferente. Nuestro objetivo es encontrar y dar forma a las llaves capaces de desbloquear los engranajes de nuestro tiempo, con tal de encontrar un vía de escape del caos.
El año 1968 tiene lugar en una conjuntura en la historia del mundo. Tras salir devastados de dos guerras mundiales y colonialismo desenfrenado, los estados nación del mundo deciden abrir un periodo de paz. Aun así, esta paz no se extendió hacía el sur global. La libertad prometida por el neoliberalismo nubló una parte del mundo como opio y transformó el otro lado en un auténtico infierno. El Congo, Vietnam, y Sud-África se transformaron en los guetos de una sociedad opulenta.

La rebelión de la periferia
Con la conexión entre el “Primer” y el “Tercer” mundo, un nuevo modelo de solidaridad internacionalista se desarrolla a lo largo de dos frentes estratégicos diferentes. Por un lado, está el desarrollo de la guerrilla anti-colonial en una era en que la tecnología de guerra está acelerándose rápidamente. Por otro lado, está el debilitamiento interno del capitalismo en su propia esencia, debido al desarrollo de la conciencia y a la construcción de una forma de vida diferente.
En este contexto, es necesario que las vanguardas revolucionarías empujen la sociedad en su conjunto a imaginar un mundo diferente del que ofrece la modernidad capitalista. La prioridad se ve en construir la voluntad para liberarse de la servitud auto-impuesta y tomar consciencia vivir bajo el efecto del elixir de la falsa libertad del liberalismo.
Vietnam es, sin duda, el ejemplo más importante de este doble frente. Por un lado, hay la resistencia de los jóvenes americanos enfrentándose a la posibilidad de reclutamiento masivo. Por el otro lado, hay un movimiento de guerrilla popular defendiéndose contra el mayor poder militar del mundo. La lucha palestina por la liberación nacional se convierte en un rayo de esperanza y alcanza un punto de inflexión en 1967 con la creación del PFLP y el inicio de las operaciones armadas.
El vocabulario de decolonización también se transfiere a los propios estados occidentales. Michael Rocard, lider del Parti Socialiste Unifié en Francia, habla el 1966 de la decolonización de las provincias, denunciando el desequilibrio entre París y el resto del país2.
En los Estados Unidos la lucha de Movimiento Afro-americano cobra una importancia crucial, particularmente el del Black Panther Party, que desde su fundación en 1966 rápìdamente asume un carácter transnacional. Los Dalits oprimidos en la Índia emulan la retórica de los Black Panthers. Representativos del Frente Nacional de Liberación Vietnamita también usan la organización como modelo, llamándose a si mismos los Yellow Panthers.
El movimiento juvenil
El activismo que existía en Palestina, Algeria, Vietnam y Latino América de repente se expande por todo el mundo. Gente joven, necesaria para el sistema por su fuerza física en el campo militar y por su contribución intelectual en el campo del conocimiento, se rebela y se convierte en el sujeto revolucionario de la era. El año de 1968 representa la culminación de un periodo de protestas sin precedente que empieza ideológicamente en los campus californianos. Entonces se extiende hacia Italia, Alemania, México, antes de encontrar su expresión más fuerte y simbólica en Francia durante los meses de mayo y junio de 1968.
La advertencia del Che Guevera “Sé realista, exige lo imposible” resuena por todas partes. Es como si miles de puentes estuvieran siendo construídos alrededor del mundo. La hermandad de la sociedad resistiendo a la modernidad conectaba todas las luchas de forma visceral.
1968 es posible gracias a las luchas de decolonización, gracias a la juventud de familias de clase trabajadora entrando en las universidades, y gracias a las alianzas entre estudiantes y trabajadores. Por primera vez en la historia, la juventud afirmaba abiertamente su identidad en una revolución, con la consciencia colectiva de ser su vanguardia.
Un cambio de paradigma
La transición toma lugar desde una aproximación centrada en la clase hacia una centrada en la autonomía política y las características morales de la sociedad. La nueva sensibilidad de 1968 está unida a una visión más utópica del socialismo en todos los aspectos de la vida. Significa tomar posición contra el poder y las autoridades que reprimen la imaginación y la libertad.
Desde la revolución china surge el concepto de revolución cultural. En este sentido, el 1968 representa un punto de inflexión cognitivo, un cambio de paradigma para una generación entera.
Por estas razones, la ola del cambio empieza en las universidades, que habían abierto sus puertas a la gente joven de clases sociales menos privilegiadas. Durante el 1968, vemos el nacimiento de comités y asambleas generales en facultades que están abiertas a toda persona que quiera participar.
En el año siguiente, 1969, estudiantes de toda Europa abandonan las universidades para encontrarse con el movimiento de trabajadores, abriendo el camino para el desarrollo de los partidos políticos y las organizaciones de los 70.
Durante las ocupaciones y mobilizaciones, los estudiantes experimentan formas de vida comunal entre iguales. Aquí empieza a crecer la semillla de la idea de que lo personal es político3. Esto sucede en un intento de politizar nuevas áreas de la vida y nuevas contradicciones que crecen de los profundos vínculos creados durante las ocupaciones, huelgas y manifestaciones.
Contra la corrupción moral del capitalismo, el objetivo se convierte en el desarrollo de una nueva forma de vida que sea coherente con los ideales propios y que pueda ser practicada en el propio camino.
El movimiento feminista
Cuando la sociedad está en movimiento los elementos que atascan los engranajes son más fáciles de ver. Las mujeres que participan en el movimiento social de 1968 se dan cuenta de que el gran obstáculo a la liberación es la opresión de género que ellas mismas experimentan. Es la mentalidad patriarcal que existe en cada nivel de la sociedad. Entienden que la contradicción entre hombres y mujeres es una fractura que atraviesa todas las otras divisiones sociales. La nueva consciencia de ser sujetos capaces de dar forma a la historia conecta la liberación personal con la liberación colectiva. Las experiencias personales de las mujeres se vuelven políticas.
La participación de las mujeres en movimientos sociales se convierten en un fenómeno disruptivo. Representa a la vez ua ruptura y reconciliación. Es capaz de interpretar la necesidad histórica y dejando una marca durable, ofrecer contribuciones importantes en términos de herramientas políticas y prácticas que ayudan a superar el estancamiento de la militancia de izquierdas después del declive de las olas de protestas de ese año.
Los feminismos negros también contribuyen a la evolución de la teoría feminista porque emergen desde la consciencia de mujeres negras de que el racismo, el sexismo y la opresión de clase son inseparables.
En este sentido, los movimientos de mujeres salen victoriosos del legado de 1968, al contrario de la mayor parte de la izquierda parlamentaria. Promueven una política cultural de unidad en la diversidad y desarrollan la capacidad de unir diferentes luchas e identidades sin simplificar la realidad. Haciendo esto, consiguen influenciar la sociedad global y provocar un levantamiento profundo de consciencias.
Giros destructivos
El sentimiento de desesperación e importencia creado por un mundo dividido en dos bloques, junto con el riesgo de volverse solo un engranaje más de la maquinaria capitalista, empuja a mucha gente a nuevas búsquedas.
La creación de subculturas y paraísos artificiales separados del resto de la sociedad se convierte en uno de los mayores giros liberales del movimiento juvenil. Permanecer en los márgenes del sistema y su estilo de vida se percibe como algo radical, pero la consecuencias es el aislamiento de la sociedad.
En parte por la distancia de las tradiciones políticas del siglo XIX y por la apertura a la experimentación ideológica, el movimiento juvenil de 1968 no siempre sabe reconocer lo que es un producto del capitalismo de lo que no. En las estructuras organitzativas que a menudo son fluidas sin objetivos estratégicos, permanece abierta la posibilidad a ataques y marginalización que lleva a cabo el propio sistema.
No es casualidad que grandes cantidades de droga lleguen las metrópolis occidentales después de las olas de protestas. La heroína se extiende como una epidemia y mata a miles de jóvenes que habrían tenido el potencial de derrocar el sistema.
Nuestra herencia
Aunque hemos crecido en un entorno de violencia sistémica, seguimos siendo capaces de imaginar lo imposible, de unirnos, de sacar a la luz las contradicciones y de desenmascarar las conexiones ocultas y los falsos mitos del sistema capitalista, que se presenta como invencible pero que siempre ha sido frágil. Esto es lo que el 1968 nos enseña. Si no tomamos conciencia de nuestro pasado, de gente joven que como nosotros, se dieron de cabeza contra los muros del mundo, se quedaron sin voz de tanto gritar y se lanzaron a una sociedad que los quería callados y obedientes, ¿cómo podemos superar hoy los ataques contra nuestros corazones y nuestras mentes?
No estamos solas, ni hoy ni en la historia. Hay miles de jóvenes que se han sacrificado para que puediéramos estar un paso más cerca de entender y realizar nuestros objetivos.
“Todas las resistencias que han tenido lugar en la historia deben ser tratadas como un legado. En particular, el movimiento juvenil de 1968 se define como la herencia fundamental de nuestra propia existencia, como pilar fundamental más actualizado, y como revolucion juvenil en cuya tradición se emmarca el movimiento juvenil de hoy en día. La intención es desarrolar el espíritu, la resistencia, y la rebelión de la revolución juvenil de 1968 en cada lucha propia. El objetivo estratégico es llevar adelante una segunda ola del movimiento juvenil de 1968.”
Los principios del Confederalismo Democrático Juvenil – Manifiesto de la Juventud
1El historiador Fernand Braudel ve la historia a través de 3 dimensiones: una “micro historia”, el nivel superficial del aquí y el ahora; una historia conyuctural, compuesta de ciclos materiales intermediarios; y la historia estructural, o longue durée, que es el flujo continuo que mueve y da forma a lo que existe.
2Para más profundidad sobre las demandas regionalistas de 1968, recomendamos el artículo “Le réveil des revendications régionalistes et nationalitaires au tournant des annés 1968: analyse d'une “vague” national” de Tudi Kernalegenn (2013)
3La expresión se extiende gracias al ensayo “Lo personal es político” de Carol Hanisch (1970)



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