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Thomas Sankara : revolucionario panafricanista y héroe inmortal



De Lêgerîn #12


Thomas Isidore Noël Sankara fue un militar burkinés, revolucionario marxista y panafricanista que ocupó el cargo de Presidente de Burkina Faso tras llegar al poder en un golpe de Estado en 1983 hasta su asesinato en 1987. Fue una figura muy carismática e icónica de la Revolución; cuando tomó el poder, la República del Alto Volta era uno de los países más pobres de África. Si bien había alcanzado oficialmente la independencia en 1958, seguía aquejada por el oscuro legado del colonialismo francés y dependía en gran medida de la ayuda occidental y de los intereses corporativos. Sankara comprendió que la verdadera independencia era algo más que una nueva bandera y una nueva moneda: significaba también independencia política y económica.


En muchos sentidos, Sankara iba encontra de las principales corrientes políticas de la década de los ochenta. Como héroe revolucionario e icono político, a menudo se le considera un líder político virtuoso que, a pesar de sus errores, tenía en mente los verdaderos intereses del pueblo. Bajo su presidencia se puso en marcha un proyecto revolucionario destinado a transformarlo todo. Empezando por el nombre del país, Sankara abandonó el nombre colonial de Alto Volta y denominó al nuevo país como Burkina Faso. Este nombre es una combinación de dos palabras en las lenguas yulá y mossi, habladas allí, que juntas significan «patria de hombres rectos», indicando así una nueva visión radical de autosuficiencia para el país. Fue el propio Sankara quien se encargó de escribir la letra y componer la música del nuevo himno del país; en sus palabras, su revolución se nutrió de todas las anteriores, desde la francesa hasta la rusa, además de las luchas de liberación en el continente africano.


Sankara propuso la eliminación de los poderes tradicionales de los jefes tribales que aún existían en el país y que oprimían a los campesinos. Además, formó los Comités de Defensa de la Revolución, con una estructura similar a la existente en Cuba; también impuso la austeridad entre los miembros del gobierno, reduciendo los salarios de los funcionarios (incluidos los suyos), cambiando la flota de vehículos estatales sustituyendo los de marca Mercedes-Benz por otros de menor coste y prohibiendo a sus ministros viajar en primera clase. En materia económica y productiva, su gobierno llevó a cabo una reforma agraria y nacionalizó el sector minero; el objetivo primordial de su gobierno era la soberanía alimentaria ya que, según Sankara, el imperialismo se veía claramente en el origen de los alimentos que la población tenía en sus platos: «maíz, arroz o mijo importados: eso es imperialismo, no hay que buscar más allá». Sostuvo que su país tenía capacidad para producir alimentos suficientes para todos y promovió un programa de fertilización e irrigación. En 1986, Burkina Faso ya había duplicado la producción media de trigo por hectárea de su región en el continente africano.


Sankara también impulsó importantes propuestas y medidas en relación con los derechos de la mujer, como la prohibición de la mutilación genital femenina y los matrimonios forzados. Además, animó a las mujeres a trabajar fuera de casa, contratándolas en gran número en el ejército y nombrando a muchas de ellas en puestos importantes de su gabinete.


Para Sankara, la emancipación de la mujer no era «una ola de compasión humana», sino «una necesidad básica para el triunfo de la revolución».


Escribió en su libro «La liberación de la mujer y la lucha por la libertad en África»:

«A partir de ahora, los hombres y las mujeres de Burkina Faso deben cambiar profundamente la imagen que tienen de sí mismos. Porque forman parte de una sociedad que no sólo está estableciendo nuevas relaciones sociales, sino que también está provocando una transformación cultural, trastocando las relaciones de autoridad entre hombres y mujeres y obligando a cada uno a replantearse la naturaleza de ambos. Esta tarea es formidable pero necesaria. Porque determinará nuestra capacidad para llevar nuestra revolución a su plena estatura, desatar todo su potencial y mostrar su verdadero significado para las relaciones directas, naturales y necesarias entre hombres y mujeres, la más natural de todas las relaciones entre personas. Plantear hoy la cuestión de la mujer en la sociedad burkinesa significa plantear la abolición del sistema de esclavitud al que está sometida desde hace milenios; el primer paso es intentar comprender cómo funciona este sistema, captar su verdadera naturaleza en toda su sutileza, para luego elaborar una línea de acción que pueda conducir a la emancipación total de la mujer, en otras palabras, para ganar esta batalla que tenemos en común hombres y mujeres, debemos conocer todos los aspectos de la cuestión de la mujer a escala mundial y aquí en Burkina. Debemos entender cómo la lucha de la mujer burkinesa es parte de una lucha mundial de todas las mujeres y, más allá de eso, parte de la lucha por la plena rehabilitación de nuestro continente. Por lo tanto, la emancipación de la mujer está en el centro de la cuestión de la humanidad misma, aquí y en todas partes. La pregunta es, por tanto, de carácter universal”.


En octubre de 1987, Thomas Sankara fue asesinado durante un golpe de Estado llevado a cabo por Blaise Compaoré, que mantenía una íntima amistad con el líder revolucionario desde su juventud. Según Boukary Kaboré, estrecho colaborador de Sankara hasta sus últimos días, advirtió al líder sobre el complot de Compaoré contra él y propuso arrestarlo, pero recibió una respuesta negativa del presidente, quien consideró que eso sería una traición.


Incluso con sus errores, la breve pero intensa experiencia de Thomas Sankara al frente de Burkina Faso representa una contribución inestimable a los proyectos populares del llamado Tercer Mundo. Fueron necesarios solo cuatro años para que la revolución de Sankara generara mejoras notables en la calidad de vida del pueblo burkinés, desde una perspectiva popular, marxista, antiimperialista y anticolonialista. Aunque no hay mucha literatura sobre su revolución y su lucha no es recordada en Occidente, no lo olvidemos; Sankara murió por su pueblo y su país y el pueblo de Bukirna Faso lo ama mucho hasta el día de hoy; su memoria sigue viva en los corazones y las mentes de la gente como un verdadero revolucionario.

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