La determinación hacia una vida libre
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En memoria de la mártir Deniz Çiya.

El diez de enero de 2026 los fascistas arrojaron el cuerpo sin vida de una combatiente desde un edificio de los barrios kurdos de Alepo. Lo convirtieron en un meme. Pero no es eso de lo que quiero hablar hoy. Hoy quiero escribir sobre una mujer luchadora y su fuerza que nunca conseguirán sobrepasar.
Su nombre es Deniz Ciya. Un nombre que no se debe de olvidar. Explicar su historia es algo preciado para mi. Pasamos muchos meses juntas – nos reímos, bailamos y nos preguntamos cómo queríamos vivir.
El 10 de enero de 2026, en Seikh Maqsoud, Ṣehid Deniz decidió, conjuntamente con otras cuatro combatientes de las fuerzas de seguridad internas, convertirse en inmortales en vez de caer en manos del enemigo. En la defensa de los barrios, lucharon hasta utilizar su última bala. Guardaron su último explosivo para ellas y lo utilizaron para no caer vivas en manos de los gihadistas. Como toda la gente del noreste de Siria, conocen de primera mano cómo los gihadistas mutilan, violan y asesinan.
Ṣehid Deniz era la comandante de esta unidad. Sus acciones y su persona están inseparablemente enlazadas con la resistencia de Alepo. Solamente tenia 19 años y, aún así, no me sorprende verla como comandante. Si alguien era capaz de animar a todo el mundo que le rodeaba a dar siempre lo mejor y estar plenamente presente, era ella, sobre todo cuando luchaba por su ciudad, Alepo, y sociedad.
Incluso antes de decidir unirse a la lucha con un arma, cantó y bailó en los grupos de arte y cultura de Alepo. Compartió este amor por la música con todo el mundo. Puedo imaginarla en sus últimos momentos sumergida en sus diarios escuchando música. O subiendo el volumen y animando a todos a bailar danzas tradicionales kurdas y árabes. Yo me caía más que bailaba, era torpe, pero siempre me animó a seguirlo intentando hasta que finalmente pude dominarlo.
Pasamos muchas noches una al lado de la otra, viendo las estrellas juntas y compartiendo nuestros pensamientos. Cuando los suministros empezaron a escasear, compartimos un diario -ella una página, yo otra – y luego lo leíamos en voz alta. Siempre escribía sobre sus amigas: quiénes eran y qué experimentaba. Nunca explicó sólo su historia, siempre hablaba de la de los demás, las diferentes lenguas y vidas que nos habían traido a esta lucha; juntas luchamos por un mundo tan diverso como nosotras mismas.
Ṣehid Deniz llevaba esta diversidad dentro de ella. Su madre era de Afrin; su padre era árabe. Creció entre Alepo y Damasco. Estaba orgullosa de tener raíces kurdas y árabes. Estaba profundamente conectada con la historia de su país y con la convivencia de su gente. Formada por esta sociedad diversa, nunca se separó de ella; siempre fue, de una forma muy natural, una parte inseparable de esta sociedad. Su personalidad estaba repleta de internacionalismo. Sin descanso, ayudaba siempre a traducir entre personas y lenguas diferentes. Cuando leí mi primer libro en kurdo, se sentaba a mi lado y me explicaba poco a poco cada palabra que no conocía.
Cantaba canciones de culturas diferentes. Su canción favorita era Berxwedan xweş doz e, una canción que hablaba de la belleza de la resistencia en las montañas del Kurdistán. Amaba los animales y la naturaleza. Podía estar sentada mirando el fuego horas y horas. Inmediatamente un animal se acercaba, cooptaba toda su atención. Cuando los observaba, olvidaba todo lo que le rodeaba. Siempre defendió la vida por encima de todas las cosas. Cuando veo imágenes que se publicaron sobre el abuso de su cuerpo sin vida, me sorprende la crueldad del fascismo. Pero siempre la recordaré por la belleza que veía en la vida. Por eso luchó: por una vida libre.
Los nombres que llevamos en la lucha revolucionaria son de especial importancia. Son los nombres de amigas cuyo legado llevamos con nosotras. Ṣehid Deniz creció en una fuerte cultura de resistencia. De pequeña, se topó con una combatiente del Kurdistán del Norte que se llamaba Deniz. Muchas veces hablaba de la gran influencia que dejó en ella y como de contagiosa era su energía.
Ṣehid Deniz Kawyan Amad luchó contra el ISIS en Shengal y se convirtió en comandante de una unidad de mujeres iazidíes. Con esta unidad de mujeres, participó en la liberación de la ciudad de Raqqa echando de ella al ISIS. Durante la defensa de la ciudad de Afrin contra la invasión del ejército turco, dio su vida por el futuro de su país. Su vida y su postura en estas horas difíciles se contagiaron entre muchas personas. El dolor y la resistencia de Afrin están grabados tan profundamente en el alma de esta tierra; en cada segundo, en cada sitio, en cada amigo, que se pueden sentir. Ṣehid Deniz Çiya era en aquellos momentos una niña. Pero en Rojava, ser hija de la guerra significa también ser hija de la resistencia, de la revolución. Como tantas otras compañeras muy jóvenes, llevan esta energía a todas partes y la encienden en nuevas compañeras.
Ṣehid Deniz Çiya se convirtió en comandante en esta lucha por si patria, por la defensa de una vida libre. Su energía nos transporta a todos lados, no a lugares inexistentes, sinó al aqui y el ahora. Dio una sensación de seguridad a su entorno y se lanzó a la lucha con todo lo que tenía. Y nunca luchó sola, siempre en conexión con el resto.
Querías honrar a tu compañeras Deniz Kawyan Amad. Siempre hablabas de ella. Querida Ṣehid Deniz, lo conseguiste. Has dejado una huella profunda en todas nosotras. En nosotras has dejado la rabia hirviendo para vengar las atrocidades cometidas sobre tu persona. Eres un modelo a seguir para todas nosotras por haber sido capaz de conectarnos las unas con las otras y por haber podido construir puentes. Continuaremos tu lucha. Nunca te olvidaremos, ni tampoco tu determinación ni tus sueños.
Sentimos la fuerza que nos das: tu determinación de no mirar atrás y siempre lucha por la vida. Termino transcribiendo tus últimas palabras:
'Los enemigos -aquellos que, con una ideología jihadista, suponen un gran peligro para todo el mundo y para los pueblos de la región, especialmente para las mujeres- nos han rodeado con sus tanques pesados. Un gran número de grupos y células nos están atancando. Hasta el momento hemos resistido de muchas formas diferentes, pero ahora estamos utilizando la munición que nos queda con cautela para que no se agote. Es necesario que todos nuestros amigos y nuestra gente sepan que lucharemos hasta el último aliento, pase el que pase. Se nos incita a rendirnos, pero igual que Zarîfe y Besêyan se lanzaron desde los acantilados de Dersim, de la misma manera que Rindêxan acabó con su vida en el puente de Malabadi y dio sentido así a la misma, nosotras tampoco daremos ni un paso atrás en la resistencia. Ahora todas y cada una de nosotras tenemos una bomba de reserva. Si somos conscientes que hasta nuestra última bala está agorada, juntas realizaremos una acción de autosacrificio contra el enemigo que ha cometido todo tipo de atrocidades contra nuestro pueblo y nuestros camaradas. Pase el que pase, nada es más importante que proteger el honor de nuestro pueblo. Aquellos que no se enfrenten a la muerte en el momento decisivo no pueden convertirse en el aliento de una vida libre.'
Şehid Namirin: los mártires nunca mueren.