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Más allá de la “Generación Z”: defendiendo el espíritu revolucionario de la juventud

  • hace 2 horas
  • 7 min de lectura

Perspectiva de las mujeres jóvenes internacionalistas



“La Generación Z, un grupo reconocible de niños y adolescentes que son constantemente el centro de atención”. Difícilmente pasa una semana sin que aparezca algún titular estigmatizándonos. Somos descritas como perezosas, frágiles y adictas a nuestros teléfonos. El sistema dominante actual hace esfuerzos enormes para definir y controlar nuestra conciencia colectiva, bombardeando constantemente a la sociedad con narrativas opresivas, diseñadas para distraernos de nuestra propia conciencia alternativa y atarnos al statu quo.


¿A qué propósito sirven estas narrativas sobre la Generación Z? Si nos aproximamos a estas teorías no simplemente como objetos pasivos de estudio, sino como jóvenes revolucionarias, debemos hacernos esta pregunta: ¿esta categoría refleja verdaderamente nuestra realidad, o simplemente es una herramienta que nos encarcela y limita?


Teoría generacional y la Generación Z

La teoría generacional se basa en la premisa de que la historia sigue un ritmo. Según ésta, las sociedades se mueven a través de ciclos recurrentes definidos por grupos de edad sucesivos unos a otros. Se dice que cada generación desarrolla una estructura de pensamiento diferente, construida según las condiciones políticas y culturales de su proceso de crianza y crecimiento. A medida que una generación envejece y la siguiente entra en la edad adulta, se supone que comienza una nueva fase histórica. El cambio se considera no el resultado de una lucha organizada, sino el giro automático de la rueda histórica. A simple vista, esto puede sonar convincente, pero mientras que la juventud ha sido repetidamente señalada como el centro de rupturas históricas, la teoría generacional reduce este papel a la inercia del ritmo estructural. Lo que podría ser considerado como una intervención política hecha de forma consciente se interpreta según este desarrollo histórico automático.


Dentro de este marco, el término “Generación Z” se refiere a aquellas personas nacidas entre el 1995 y el 2010, siendo descrita como la primera generación completamente digital, construida por el uso de móviles y redes sociales, la inestabilidad económica, la crisis climática y la pandemia. Se dice que somos nativos digitales y que estamos permanentemente conectados. Se nos describe como progresistas sociales, preocupados por la justicia climática y la igualdad de género, pero cuando nos movilizamos se menosprecia nuestra claridad, tachándola de idealismo inocente o extremismo. También se nos llama frágiles. La ansiedad y la depresión en continuo crecimiento se individualizan en lugar de ser relacionados con la guerra, la deuda, el trabajo precario y el colapso ecológico. E incluso más insistentemente se nos acusa de vagos, como si rechazar la explotación fuese un defecto en lugar de una respuesta lógica a la injusticia sistemática.


Vistas de forma superficial, las categorías generacionales parecen neutrales, pero en realidad simplifican la complejidad histórica. Los marcos derivados en gran parte del contexto angloamericano se exportan como modelos universales, ignorando clase, historias coloniales y realidades políticas de todo el mundo, lo cual produce despolitización. Si las generaciones únicamente siguen un guión, la juventud deja de ser un sujeto histórico. La repetición constante de etiquetas – vagos, sensibles, radicales – da forma a la autopercepción. Las narrativas no se limitan a describir la juventud, también actúan para definirla y disciplinarla.


Juventud Revolucionaria en vez de “Generación Z”

Aún así, entre estas distorsiones hay una verdad: cuando la juventud entra a formar parte de la historia, la historia cambia. No debido a círculos místicos, sino porque la juventud ocupa una posición social diferenciada del resto. Entender la juventud como una categoría social es inseparable del entendimiento de la historia y de la sociedad en sí. La sociedad no es algo estático, sino que se mueve a través de etapas de transformación. El cambio y el desarrollo son sus características fundamentales. La juventud, por su propia naturaleza, encarna esta dinámica. La juventud representa la vitalidad de la naturaleza social, es móvil, inquieta, no está dispuesta a permanecer confinada. Busca que su voz se oiga hasta en el más lejano de los lugares. Su energía no se agota fácilmente. Su actitud hacia la vida es preguntarse, investigar. La etapa de la juventud se puede comparar con la primavera en el calendario estacional. Al igual que la naturaleza se transforma en primavera, la vida humana en la juventud tiene una apertura al cambio enorme. Todo parece posible, nada está fijo.


Pero es esencial ser conscientes de esta función en sociedad. Sin conciencia sobre su misión histórica, la juventud puede ser absorbida y neutralizada. Una juventud sin conciencia sobre su función social no puede llegar a ser libre o autónoma. Una identidad clara de la juventud es, por tanto, una condición fundamental para una vida libre.


Hasta ahora, las definiciones desarrolladas para la juventud, como la narrativa de la Generación Z, han estado muy conectadas a los roles atribuidos por el sistema dominante. Los dirigentes han inventado un amplio rango de términos – rebeldes, irresponsables, apolíticos, extremistas, consumistas – no para entender a la juventud, sino para neutralizarla. Ellos saben igual de bien que nosotras que quien sea que domine a la juventud domina a la sociedad. Una juventud rendida al sistema garantiza el futuro del sistema, porque juventud significa futuro. Por eso, la juventud siempre ha ocupado un lugar especial en las luchas históricas. Ha tenido muchas veces un papel pionero en momentos de desarrollo social. En sociedades que han estado abiertas al cambio en lugar de quedarse estancadas en lo conservador, la juventud se ha convertido en la fuerza de transformación más activa y efectiva.


A la vez, la historia también ha demostrado que la juventud puede ser manipulada y movilizada para fines reaccionarios. Su dinamismo puede producir liberación o dominación según los niveles de conciencia y organización. Pero la pregunta no es si la juventud es poderosa o no, sino hacia qué interés se canaliza este poder. Los levantamientos de hoy en día – como los de Nepal, Bangladesh, Madagascar, Indonesia, Kenya, Marruecos, y muchos más – demuestran que la juventud continúa emergiendo como un actor decisivo. Mujeres jóvenes como Deniz Ciya lo han demostrado con sus propias vidas. Estos “levantamientos de la Generación Z” no son expresiones de carácter generacional, sino la expresión de una fuerza social confrontando la crisis estructural inherente al sistema actual.


Defender el espíritu revolucionario de la juventud significa ahondar en la organización. Los levantamientos espontáneos muestran vitalidad, pero una transformación sostenible requiere claridad ideológica, internacionalismo, liderazgo democrático y compromiso con la liberación de la mujer como fundamentos. Sin ello, la energía de la juventud se arriesga a la fragmentación. Los recientes levantamientos de jóvenes – ya sea en forma de protestas por la situación medioambiental, movimientos de trabajadores o levantamientos contra los gobiernos autoritarios – son pruebas de que la juventud de todo el mundo no solo responde a una serie de circunstancias, sino que rechaza consciente y colectivamente las narrativas que intentan definirla. Por eso es crucial analizar qué significan estos levantamientos y obtener herramientas de ellos, particularmente en el contexto de construcción de un confederalismo democrático juvenil a nivel global. Para que el poder de los movimientos de jóvenes esté interconectado a pesar de estar geográficamente lejos.


En este contexto, el término “Generación Z” tiene también un potencial de reapropiación: en levantamientos como los de Nepal y Marruecos, este término ha sido resignificado tanto para fortalecer movimientos revolucionarios locales como para forjar conexiones con la juventud en lucha a nivel global, fortaleciendo internacionalmente la conciencia de la juventud.


Perspectiva de las mujeres jóvenes

Dentro de esta lucha, la posición de la mujer joven es decisiva. El sistema capitalista explotador le asigna una misión peculiar: no tener misión en absoluto. Se le anima a perseguir el éxito individual, la conformidad estética y la adaptación silenciosa. Su voz política es trivializada, su rabia se patologiza. Aún así, en el centro de la identidad de las mujeres jóvenes reside un espíritu de resistencia y militancia. Lleva consigo misma no solo la vitalidad de la juventud, sino también la memoria de la resistencia de mujeres jóvenes a lo largo de la historia. Despertar este espíritu requiere organización consciente.


La mujer joven debe insistir en organizar su educación dentro de la perspectiva de la nación democrática 1 – una educación que fortalece las éticas colectivas, la conciencia histórica y la responsabilidad política. Debe preguntárselo todo sobre el sistema que existe hoy en día: las funciones que le han sido asignadas, las imágenes impuestas sobre ella, los límites dibujados alrededor de sus sueños. Este proceso de cuestionamiento, sin embargo, no debe hacerse de manera individual. Su reflexión debe ser organizada. Por lo tanto, depende de las mujeres jóvenes romper la percepción creada por el capitalismo sobre ellas. Debe desarrollar métodos políticos nuevos y formas de participación, poner su propia creatividad y naturaleza revolucionaria al servicio de la política como una fuerza determinante.


Cuando la mujer joven se organiza no se defiende únicamente a sí misma, sino que transforma el movimiento juvenil al completo. Sin la liberación de la mujer como principio y guía, ningún espíritu revolucionario puede mantenerse por sí mismo. Por ejemplo, tanto la revolución Sandinista en Nicaragua como la Unión Soviética de Stalin demostraron cómo la dominación patriarcal en el movimiento no solo limitó las contribuciones de las mujeres, sino que también debilitó la revolución al completo. En estos contextos, el rechazo a elevar las funciones de las mujeres dentro de la revolución llevó, definitivamente, a la caída del socialismo. Las lecciones aprendidas de estos errores subrayan la importancia de integrar el liderazgo de mujeres en el corazón de las luchas revolucionarias.


La juventud es el futuro

A pesar de toda la narrativa que rodea a la Generación Z, la juventud no es simplemente marketing, no es solo una moda demográfica. Es la expresión más dinámica de la capacidad de renovación de la sociedad. Si la característica esencial de la sociedad es el cambio, entonces la juventud – como encarnación de la apertura al cambio – se convierte en su componente más activo. El sistema nos categoriza, critica y humilla porque entiende nuestro potencial. Una juventud despolitizada garantiza su continuidad, mientras que una juventud organizada y consciente es el mayor reto.


Defender el espíritu revolucionario de la juventud es, por tanto, defender el futuro. Defender el futuro requiere claridad sobre quién nos define y por qué. Requiere rechazar las identidades impuestas y construir las nuestras propias. Requiere reconocer que la juventud, consciente de su papel histórico, es una vanguardia de la transformación. No somos arquetipos fijos en un ciclo recurrente, sino una fuerza viviente construida por la lucha y la organización. No nos limitamos a seguir el ritmo de la historia, tenemos la capacidad de romperlo.


Mientras la gente joven rechace la imagen impuesta y se organice alrededor de su propio entendimiento de libertad, dignidad y vida colectiva, el espíritu de la juventud será irreducible. Mientras este espíritu permanezca consciente y organizado – especialmente a través del liderazgo y la liberación de las mujeres jóvenes – la juventud continuará siendo no el objeto de la historia, sino su motor.


1El concepto de Nación Democrática, tal y como Abdullah Öcalan lo propone, visualiza una sociedad donde la diversidad cultural y los principios democráticos son integrados a través del gobierno descentralizado y la autodeterminación colectiva. Reivindica una transformación del estado-nación en un sistema basado en el confederalismo democrático, la liberación de la mujer y la ecología social.

 
 
 

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