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Socialismo: una mirada al pasado para construir el futuro

  • 5 hours ago
  • 10 min de lectura

Matteo Garemi


‘‘Mujeres preparando un campo de arroz en el barro’’ Herbert Geddes
‘‘Mujeres preparando un campo de arroz en el barro’’ Herbert Geddes

La idea y práctica del socialismo está hoy en día en peligro en todos los frentes. Aprender y debatir sobre la historia del socialismo es dificil. Por una parte, la cultura liberal hegemónica busca entorpecer esto, retrata a los socialistas como monstruos y oculta o ataca directamente y elimina las ideas y prácticas socialistas de los espacios públicos. Por otro lado, está la historia oficial del socialismo real, que, con una gran ausencia de autocrítica, siempre busca culpar a otros de sus fallos y errores.


‘‘Comprender el contexto, las ideas que impulsaron el socialismo, sin caer en las tendencias descritas anteriormente, es importante para nuestro presente y nuestro futuro.’’ ¹

¿Cuáles son las ideas y las experiencias que dieron origen al movimiento socialista organizado de los siglos XIX y XX? ¿Cuáles fueron las principales contradicciones que provocaron divisiones y escisiones dentro de este movimiento? ¿Qué provocó finalmente el fracaso de las expresiones internacionalistas del socialismo?


Cuando hablamos de socialismo hablamos de la herencia de la sociedad histórica y su resistencia a los ataques. Esta herencia es la expresión de la vida y la lucha de la gran mayoría de los seres humanos a lo largo de la historia: desde la sociedad en su origen, formada en torno a las mujeres como medio de autodefensa y supervivencia, que definió la capacidad del ser humano para crear, hasta las expresiones de esta forma de vida en los últimos miles de años en las luchas de las mujeres, las jóvenes, las trabajadoras y los movimientos culturales. El socialismo no es un concepto presente en los últimos 200 años, solamente, sino que está presente, de alguna forma, en toda la historia de la humanidad.


LAS REVOLUCIONES NACIONALES


El año 1848 juega un papel clave en la transformación de lo que se denominaron los «antiguos regímenes». Fue un proceso que desafió el poder de las monarquías en favor de las masas populares. En muchas zonas de Europa se produjeron levantamientos apoyados por amplios sectores de la sociedad, impulsados por la ola de conciencia nacional, que condujeron, en mayor o menor medida, a la adopción de constituciones que regulaban la participación política en las monarquías de la época. Estos levantamientos recibieron el nombre de Primavera de los Pueblos.


Aunque Marx y Engels describirían más tarde estas revoluciones como revoluciones burguesas, y las marxistas las considerarían pasos necesarios para el establecimiento del socialismo, estos movimientos albergaban una gran esperanza y dieron lugar al surgimiento de numerosas organizaciones y revueltas. No es casualidad que fuera en esta época, en 1847, cuando se fundó la Liga Comunista y que en febrero de 1848 se publicara el Manifiesto del Partido Comunista. En aquel momento, la respuesta que se daba mayoritariamente a la pregunta de por qué fracasaron estas revoluciones estaba relacionada con la organización y la conciencia de los pueblos oprimidos.


LA LIGA COMUNISTA, MARX Y ENGELS


La Liga Comunista se fundó en Londres en 1847. Se basaba en un principio claro: era la representación de la lucha del proletariado por la liberación. Una clase que no siempre había existido, sino que fue el resultado de la revolución industrial del siglo XVIII. Pronto fue objeto de infiltraciones y juzgada en Colonia, lo que provocó su disolución.


Sin embargo, el Manifiesto Comunista sería un texto decisivo para los siglos que vendrían, y varios miembros de la Liga, entre ellos Marx y Engels, continuarían trabajando y desarrollándose sobre la base de los objetivos definidos en el Manifiesto.


Marx se centró en el estudio de la nueva «economía política» inglesa con el fin de desarrollar una crítica de la misma, que tomó la forma de su famosa obra «El capital». Öcalan critica a Marx y al marxismo por su excesivo reduccionismo económico. Es debido al enfoque desmesurado y casi exclusivo del funcionamiento de la explotación económica que no se pudo alcanzar una visión más amplia de los problemas sociales y políticos en el análisis. Esto condujo posteriormente, a través de las interpretaciones de la obra de Marx, a una práctica del socialismo basada en el Estado-nación y el industrialismo, que según el análisis de Öcalan son dos de los pilares de la modernidad capitalista y no pueden ser la base del socialismo.


LAS DISCUSIONES EN LAS INTERNACIONALES


La Primera Internacional, fundada en 1864, era una unión de movimientos, organizaciones y pensadoras que se centraban en la cuestión laboral. En los debates internos de la Primera Internacional, la cuestión del Estado-nación era fundamental. El debate sobre esta contradicción, que comenzó como una discusión sobre las medidas que debían adoptarse en la lucha, giraba en torno a dos enfoques diferentes. El enfoque «clase contra clase», propuesto predominantemente por los comunistas, consistía en una visión de la historia concebida como la lucha entre clases, y entendía que el camino hacia el socialismo era la liberación del proletariado, la clase oprimida, mediante la conquista del poder y la apropiación de los medios de producción (principalmente las fábricas) de manos de la burguesía, la clase opresora. El bado contrario en el debate era el del “Estado contra los pueblos oprimidos”, apoyado por las anarquistas. Este consideraba que el camino hacia el socialismo era la organización autónoma de los pueblos oprimidos mediante el rechazo y la abolición del poder y del Estado, entendidas como estructuras opresoras.


La Segunda Internacional se fundó en 1889 como una coordinación de organizaciones para desarrollar al menos estrategias y tácticas coordinadas y políticas comunes. Estaba dominada ideológicamente por el marxismo, aunque con algunas diferencias internas que provocaron conflictos. Uno de los principales conflictos fue entre marxistas y posibilistas, que impulsaban una línea de reforma progresiva del Estado hacia el socialismo, en lugar de la conquista del Estado mediante la revolución, como proponían los marxistas.


La Segunda Internacional se disolvió con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Aunque la Internacional era una organización cuyo objetivo era superar las fronteras de los Estados nacionales, también estaba compuesta por partidos nacionales que se basaban en esas fronteras.


A pesar de los intentos por construir un movimiento contra la guerra, con importantes aportaciones analíticas sobre el imperialismo, el clima de creciente confrontación en Europa en esta etapa también dividió a la Internacional. Se formaron sectores en apoyo de la Entente (Gran Bretaña, Francia y Rusia) y sectores en apoyo de la Alianza (Alemania y Austria-Hungría). Estos sectores dependían de la posición del Estado-nación en cuestión y se basaban en la lógica de «primero ganamos la guerra, luego construimos el socialismo». Por otro lado, algunas fuerzas dentro de la Internacional formaron el movimiento Zimmerwald, que continuaron los intentos realizados en años anteriores para construir un movimiento más amplio contra la guerra. Una vez más, la causa de la disolución de la Segunda Internacional fue el hecho de que las organizaciones que participaban en ella estaban, en última instancia, vertebradas y fuertemente influenciadas por valores nacionalistas, y el problema no se abordó hasta que fue demasiado tarde.


Cabe destacar en esta fase el hecho de que la organización de mujeres fundada en el marco de la Segunda Internacional, el ‘Consejo Internacional de Organizaciones Socialistas y Obreras de Mujeres’, no se disolvió y siguió reuniéndose incluso durante la Primera Guerra Mundial, lo que demuestra un enfoque diferente y una base más radical en las mujeres socialistas que en la estructura general, y afirma el papel colectivo del liderazgo de las mujeres en la lucha.


DE LOS SOVIETS A LA REVOLUCIÓN INTERNACIONAL


La experiencia del movimiento Zimmerwald también marcó un claro punto de ruptura entre las socialistas revolucionarias, lideradas por las bolcheviques, y las socialistas reformistas. Fue a través de esta contradicción, tras la Revolución de Octubre y las Tesis de Abril de Lenin, que se formó en 1919 la Tercera Internacional, la Comintern. Las bolcheviques desarrollaron una perspectiva internacional en primer lugar para romper el aislamiento de la revolución soviética.


En la primera fase, hasta la muerte de Lenin, el objetivo era llevar la Revolución de Octubre a Europa, con varios intentos fallidos, reforzando la línea contra los partidos socialistas reformistas. En esos años se formaron diferentes partidos comunistas en Europa a partir de escisiones de partidos socialistas, por ejemplo en Francia, España, Italia y Bélgica.


Tras la muerte de Lenin en 1924, la llegada al poder de Stalin supuso la adopción de la teoría del ‘socialismo en un solo país’. Siguiendo esta línea, los partidos comunistas se convirtieron en la expresión de la Unión Soviética en diferentes países y se vincularon concretamente a ella, lo que provocó una crisis a medida que se producía la desintegración progresiva de la Unión Soviética. La Comintern se disolvió en 1943 como resultado de un compromiso entre Stalin y los Aliados en la Segunda Guerra Mundial: si hasta este momento aún no había quedado claro, con este acto se abandonó definitivamente la búsqueda de una revolución internacional. La cuestión de la centralización, relacionada de nuevo con la mentalidad estatal, es fundamental para comprender el fracaso de la Tercera Internacional.


La caída de la Unión Soviética, así como los resultados limitados de las diferentes experiencias socialistas, no se deben a factores externos ni a acontecimientos históricos ajenos a su control. La experiencia del socialismo real demostró que cualquiera que quiera insistir en el socialismo hoy en día debe abordar las cuestiones del Estado-nación y del industrialismo de la manera correcta. De lo contrario, cualquier lucha que se emprenda en nombre del socialismo dará lugar a un régimen dogmático homogéneo de control sobre la sociedad, alejado de sus valores originales. Inevitablemente, reproducirá aquello contra lo que quería luchar.


MÁS ALLÁ DE LA UNIÓN SOVIETICA


La historia del socialismo en el siglo XX no solo estuvo determinada por la experiencia de la Unión Soviética. Fueron muchos los movimientos que intentaron construir una perspectiva socialista que superara los problemas y los enfoques opresivos observados en la experiencia soviética.


En todo el mundo se abrieron nuevos horizontes, como los que abrió la resistencia en Vietnam, el Che Guevara en Abya Yala o Amílcar Cabral en África. Sobre la base del socialismo, la resistencia contra los colonos en los países colonizados tomó una nueva forma organizada y se hicieron nuevos intentos de movimientos de liberación nacional. Esto también fue así en los movimientos de liberación de diferentes ‘naciones’, como el movimiento de liberación negra o el movimiento de liberación de las mujeres.


El legado de estas luchas culminó en la Revolución Cultural Juvenil de 1968. En todo el mundo, frente a la violencia del sistema colonial, patriarcal y estatista, la juventud se levantó mediante ocupaciones, manifestaciones y formación de nuevas organizaciones. En esencia, 1968 fue el año en que la juventud, las mujeres, las trabajadoras y los pueblos oprimidos tomaron la iniciativa.


El movimiento del 1968 ha representado una chispa que ha dado vida a nuevos fuegos: desde los movimientos feministas y de liberación de la mujer, hasta los movimientos ecologistas, pasando por los movimientos contra la guerra, una nueva fuerza vital ha iluminado la sociedad.


Con los campos palestinos del sur del Líbano como centro internacional, se construyeron nuevos movimientos inspirados en el espíritu de esta Revolución Juvenil. Estos movimientos lucharon con divisiones entre ellos y con la sociedad en general, así como entre ellos mismos a nivel global, y las preguntas sobre el liderazgo y una estrategia común quedaron sin respuesta.


Esto condujo, en algunos casos, a la pérdida de una conciencia común entre las distintas expresiones del socialismo en todo el mundo. En otros casos, dio lugar a intentos dinámicos por superar los obstáculos teóricos y prácticos y seguir insistiendo en el socialismo. Un ejemplo de ello es el movimiento zapatista, que desde el levantamiento en Chiapas en 1994 ha estado luchando por establecer territorios libres y autónomos basados en la vida comunitaria.


Otro ejemplo de ello es el Movimiento de Liberación del Kurdistán, nacido como movimiento de liberación nacional marxista-leninista en la espiral de la Revolución Juvenil de 1968, que se convirtió en la principal fuerza impulsora del socialismo en Oriente Medio y en el mundo. La Revolución de Rojava y las experiencias de autogobierno del noreste de Siria muestran un ejemplo de vida comunitaria libre para todas las sociedades del mundo.


PERSPECTIVAS PARA EL PRESENTE


Hoy en día, las fuerzas democráticas y sociales están divididas, unidas por lazos tácticos sutiles y temporales, sin una base ni una conciencia comunes. La división es tan profunda que se transmite de generación en generación, sin que haya debates políticos entre los diferentes movimientos y contextos. Cada generación sentimos que estamos empezando desde cero.


En un momento como este, el proceso iniciado por el Llamamiento por la Paz y la Sociedad Democrática, realizado el 27 de febrero de 2025 por Abdullah Öcalan, nos señala una salida, una alternativa. Demuestra la capacidad de analizar el pasado para comprender el presente y construir el futuro. Es una respuesta a los problemas históricos de la sociedad y el socialismo, que ofrece una perspectiva diferente sobre la cuestión del Estado-nación y el industrialismo, y propone una solución a través de la comuna y la ecoeconomía. Es una apertura y un llamamiento a todas las fuerzas democráticas y sociales del mundo para superar las divisiones impuestas por el poder y organizar una sociedad democrática.


"Insistir en la humanidad significa insistir en el socialismo"

Abdullah Öcalan


Puesto que la esencia del ser humano es social, la fuerza de cada individuo reside en la sociedad, y la fuerza de la sociedad reside en la participación de cada individuo. Necesitamos superar las divisiones, formar parte de una humanidad que despierte su voluntad de vida comunitaria y, por lo tanto, la ponga en práctica, de una sociedad capaz de pensar, actuar y crear de forma autónoma. Hoy en día necesitamos esto tanto como necesitamos el agua y el sol, para continuar con la vida y construirla juntas. Al reconocer la necesidad de una nación democrática, en nuestra historia y en nuestras prácticas, al elegir formar parte de ella y al actuar conscientemente sobre esta base, podremos encontrar caminos hacia la libertad.


Insistir en el socialismo no significa perseguir dogmáticamente una doctrina o vivir en los debates del pasado. Significa asumir la responsabilidad histórica que millones de personas, que dieron su vida en la búsqueda de la libertad, nos han dejado hoy. Significa devolver la vida a estas experiencias, entenderlas como algo vivo en nuestras luchas, hoy, como el suelo del que crecemos. Y significa ser capaces de crear sobre esta base, de cambiar y transformarnos a nosotras mismas, nuestra visión del mundo y de la realidad, sin quedarnos nunca estancadas, sino encontrando siempre formas de superar los problemas.


Abdullah Öcalan y el Movimiento de Liberación del Kurdistán están asumiendo esta responsabilidad. La responsabilidad intelectual de plantear soluciones a los problemas de la sociedad. La responsabilidad moral de reconstruir las relaciones sociales. La responsabilidad política de tomar decisiones colectivas para la construcción de una vida libre.


Este proceso es una invitación abierta al diálogo, para construir nuevas relaciones basadas en nuestro patrimonio histórico común y nuestros posicionamientos actuales. Es una propuesta para unir luchas y vidas. Entablar un diálogo con esta propuesta, aportando experiencias, conocimientos y esfuerzos, hace que la esperanza y la vida broten en nuestras sociedades.



[1] Abdullah Öcalan, de su perspectiva para el duodécimo congreso del PKK.




 
 
 
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