• Lêgerîn

En busca de la fe revolucionaria



Cuando somos jóvenes todos soñamos con distintas formas de libertad. Soñamos con destruir la autoridad de nuestros padres, de la escuela, del sistema; soñamos en definitiva con destruir los límites que nos impide crear nuevas alternativas. Con el tiempo vamos profundizando en el significado de la libertad, de la vida. Repasamos la historia y tomamos conciencia de las luchas y revoluciones realizadas por nuestros antepasados. Observamos que nuestros sueños no son solo nuestros sino también los de miles de revolucionarios que en distintos períodos y lugares históricos dieron su vida por ellos. Esta conciencia histórica es la que nos permite dar un paso adelante y organizarnos, luchar por nuestros sueños, insistir en la libertad.

La Modernidad Capitalista ve el peligro de esta conciencia histórica, por eso desea borrarla, diluirla en la insignificancia y crear un relato acorde a sus necesidades. Nos dicen que es el fin de la historia, que el capitalismo es la única alternativa posible, que todos los intentos de socialismo han fracasado y no es posible pensar en un cambio de paradigma. Nos hacen creer a los militantes que todos los esfuerzos que damos, los damos en vano, que por mucho trabajo que hagamos el enemigo es demasiado grande como para derrocarlo. Este gran relato del sistema afecta a la juventud, ahora desesperanzada, sin fe, sin espíritu; una juventud, en definitiva, desvinculada de su naturaleza. Vemos el dolor del mundo, la injusticia, la esclavitud y la sangre derramada. Por supuesto luchamos contra ello, nos organizamos y tomamos acción, pero en el fondo de nuestro corazón, no creemos en la revolución, pensamos que el enemigo es ya demasiado fuerte y grande como para derrotarlo, por eso no lo sacrificamos todo, por eso, tenemos un pie en la lucha revolucionaria y otro pie en el sistema. Necesitamos tener una posición asegurada en esta última, porque al final del día todos volveremos a nuestras vidas habituales bajo la dominación del sistema.


El sistema de la clase dominante necesita domar a la juventud para reproducirse. Necesita convertirnos en adultos desde temprana edad. Ya a los dieciocho años debemos pensar en trabajo, familia y dinero. Nos desvinculan rápidamente de nuestros deseos y nuestros sueños; nos desvinculan de aquello que nos mueve. Quitan valor a nuestros deseos por la libertad, vaciando y desvirtuando el significado de esta palabra. Quieren borrar la historia y con ello nuestro pasado, quieren desvincularnos de lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos. Se apropian de todas las herramientas con las que podemos abrir nuevos caminos y crear diferentes posibilidades. La Modernidad Capitalista ha construido una sociedad sin principios morales, y alienada de sí misma; ha creado una sociedad asocial. Pero nos subestiman y no saben que si recobramos nuestra conciencia no hay nada que pueda detenernos. Entendemos que las luchas históricas revolucionarias es la lucha de los que eligieron la victoria antes que la supervivencia. Por ello, seguiremos su ejemplo y haremos de la victoria una realidad, no permitiremos que los mártires caigan en vano.

Ahora, nos encontramos en un momento histórico y es necesario estar a la altura. La gran crisis global que el mundo está atravesando ha traído un nuevo periodo de reorganización en el que las fuerzas imperialistas se están disputando la hegemonía. La Modernidad Capitalista se enfrenta a sus límites y ya no puede dar más de sí. Al mismo tiempo, El Movimiento de Liberación Kurdo continua con su lucha poniendo en práctica el Confederalismo Democrático, un alternativa que apunta a la liberación de la humanidad. Un rayo de esperanza allana nuestro camino y nos ofrece la fe que necesitamos. La historia pide que sigamos el ejemplo y tomemos acción; pide que emerjamos de las ruinas que el capitalismo ha dejado tras de sí y respondamos a la violencia que han ejercido contra nosotros en este momento de debilidad. Es hora de liberar nuestras cadenas y tomar el control de nuestra vida. El próximo ciclo político dependerá de la correlación de fuerzas entre los principios revolucionarios y los principios que han mantenido la explotación durante siglos. El nuevo ciclo político será un nuevo sistema de esclavitud o la cuestión de la libertad podrá abrir el camino a la Modernidad Democrática. Ante nosotros se encuentra la posibilidad de construir una sociedad cimentada en el amor. El amor a la patria, a la tierra, a nuestros compañeros y compañeras, a la vida.

No podemos hacer otra cosa que insistir en nuestra libertad, nuestros sueños. Y para ello necesitamos la fe que se nos ha ofrecido; fe en la revolución, en el presente, pasado y futuro. Fe en el pasado porque creemos en aquellos que dieron su vida por la libertad, en los que escogieron la victoria antes que la supervivencia y lo perdieron todo para ganarlo todo; fe en los que confiaron en que nosotros continuaríamos con el cometido. Fe en el presente, porque creemos en nuestro espíritu, nuestra fuerza, nuestros compañeros, pero, más que nunca, creemos en las luchas y resistencias que no cesan. Fe en el futuro, porque creemos en nuestro trabajo, en nuestra lucha, en nuestra estrategia, creemos en la nueva alternativa, en la vida libre, la vida comunal. Creemos, en definitiva, en nuestros sueños, nuestras utopías. Luchamos porque venceremos.




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