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El capitalismo es poder, no economía



La afirmación de que el capitalismo no es economía debería tener tanta trascendencia como la ha tenido El Capital de Marx. Debe entenderse de antemano que esto no tiene nada que ver con un supuesto reduccionismo respecto al poder, ni tampoco acepto las críticas provenientes de quienes asocian capitalismo económico y Estado. Yo me estoy refiriendo a la formación del capitalismo, de los capitalistas, de la economía capitalista, así como a la fuerza política elitista que controla la economía, que surgió en el siglo XVI y se convirtió en hegemónica en Holanda e Inglaterra.


Pero el que el capitalismo utilice la economía no significa necesariamente que sea económico.


El prestigioso historiador y sociólogo Fernand Braudel fue el primero en darse cuenta de esta realidad pero, pese a ser consciente de que estaba rompiendo la columna vertebral del pensamiento europeo, no fue capaz de sistematizar y de exponer con claridad estas ideas cuando dice que el capitalismo es contrario al mercado, que supone un saqueo por parte de los monopolios y que se trata de una imposición exterior.


Pero entonces habría que preguntarse si lo que se impone desde fuera es lo contrario al mercado, lo que no es economía. ¿Entonces qué es? ¿Un poder político, una religión, una corriente de pensamiento…?


Las respuestas son insuficientes. En este sentido sería más útil estudiar la desviación del pensamiento en los ámbitos prácticos en los que se produce, empezando, por ejemplo, con el caso de Venecia. En el siglo XIII, en esta ciudad hay un grupo de comerciantes que mantiene un control administrativo, económico y social de la ciudad, que cuenta con un Ejército y combate a sus rivales, además de ser mecenas del Renacimiento. Se podría decir que todo ello está ensamblado con la argamasa del dinero. ¿Qué concepto correspondería a este conglomerado? También se podría explicar que la economía veneciana es controlada por un grupo de grandes comerciantes que se quedan con una parte importante de la plusvalía y que, para conseguir este objetivo, controla con mano férrea el poder político y que, cuando es necesario, echa mano de la fuerza militar. Se trata de un mismo grupo aunque cambien algunos nombres, un grupo determinante al menos a nivel de Venecia, un monopolio de comerciantes que es al mismo tiempo una burocracia, un Estado, un Ejército, el protector de la comunidad, del arte y de la Iglesia; supone una concentración de poder, es el mismo poder; esta sería la denominación adecuada ya que supera incluso el concepto de Estado.Y tampoco es una economía porque se impone al sistema económico como un monopolio exterior, de la misma forma que impone una hegemonía social por encima del Estado. Se habría convertido en un poder nacional si se hubiera podido extender a toda Italia; si se hubiera expandido a todos los sectores sociales, le habríamos llamado Estado-nación; si hubiera controlado la economía del país, le habríamos llamado poder económico; e imperio europeo o mundial, si hubiera llevado su posición dominante al resto de Europa y del mundo.


En base a estas suposiciones, fijémonos ahora en la posición geográfica de Holanda e Inglaterra en el siglo XVI. Lo fundamental es que los reinos de España y Francia, que querían formar sendos imperios, acosaban a estos dos países para convertirlos en provincias suyas, pero sus príncipes y monarcas querían conservar y desarrollar su independencia, y, para ello, necesitaban la fuerza política, militar, monetaria e intelectual suficiente para no ser devorados. Por esta razón patrocinan a pensadores y artistas, como Descartes, Spinoza y Erasmo, mientras fluyen los adinerados cambistas judíos y se ponen los cimientos de un nuevo Ejército, un ejército profesional con adiestramiento, disciplina y técnicas profesionales. También dan gran importancia a la libertad para lograr un mayor apoyo y cohesión social y resolver los conflictos políticos internos. Pero lo más importante es que aseguran una productividad económica considerablemente mayor respecto al conjunto de Europa. Teniendo en cuenta todos estos elementos, se puede decir que no solo lograron atajar la amenaza de sus rivales sino que pudieron convertirse en hegemónicas a finales de siglo. Cualquiera que tenga un conocimiento sobre este asunto reconocerá que, fundamentalmente, los hechos ocurrieron así. Volvamos a realizar nuestras preguntas; ¿cómo denominaríamos a esta red, a esta fusión de vínculos y relaciones?


¿cómo podríamos definir este sistema?


¿acaso es producto de la creatividad innovadora de alguna clase económica? Y si se trata de una rentable economía ¿quiénes la crearon? Son mil y un tipo de artesanos, labradores, obreros, pequeños comerciantes, tenderos, flujos de dinero, pagarés… que aceleran la circulación y el mercado. Lo más importante es que esta rentabilidad económica incrementa la plusvalía. ¿Quién se lleva la parte del león? Por supuesto que quien controla la economía con el dinero y la fuerza político-militar, porque si no hay dinero tampoco hay compraventa ni rentabilidad, pero si no hay Ejército ni fuerza política, el país será ocupado y la rentabilidad también bajará.


Esto viene a decir que, aunque este sector monetario es un factor determinante, solo logra mantener este papel si la economía también está bajo control, incluida la posibilidad de confiscar la creciente plusvalía.


Se trata de sectores que probablemente mantienen estrechos vínculos con el poder político y militar y es más que probable que también fueran los comandantes del Ejército, que tuvieran una gran necesidad de recursos económicos y que, por ello, formaran parte de los mismos sectores dedicados a recoger beneficios o que, en su defecto, tuvieran una relación intensa con ellos. Y eso no les impide seguir promocionando los movimientos artísticos y filosóficos; el apoyo a la libertad les da prestigio y tampoco se quedan cortos respaldando a los opositores de los países rivales. De nuevo nos preguntamos ¿cómo denominar a este complejo movimiento? Si lo denomináramos económico lo cierto es que no hay una persona que se ocupe solo de la economía; lo que hacen es confiscar la plusvalía. ¿Y quiénes son estos? Son los que desde fuera se imponen a la economía, los que incrementan el dinero y lo transfieren al Estado en forma de deuda, acelerando así el valor del dinero en circulación; son los que, a cambio, probablemente llegan a ser socios del Estado.


Vemos que lo que llamamos capitalismo, capitalistas y economía capitalista controlan indirectamente la economía pero no ocupan un lugar específico dentro de ella.


¿En esencia, de qué se ocupan? Están vinculados al monopolio del poder, unifican el monopolio económico con el del poder. Combaten y cuando ganan una guerra incrementan su fuerza y, por lo tanto, la plusvalía. Y cuando ganan una guerra exterior aumenta su hegemonía y las colonias. A esto se le llama saqueo monopolista. Si extrapolamos los casos de Inglaterra y Holanda temporal y geográficamente, los hechos se verán con más claridad. Primero se alían para lograr su hegemonía en Europa rompiendo el yugo del Imperio Español a finales del siglo XVI, dando un golpe mortal a sus aspiraciones imperiales igual que ocurre con Francia y con el sueño imperial de los Habsburgo apoyando a Prusia frente a Austria. En este sentido, la Guerra de los Treinta Años y la Paz de Westfalia (1648) ponen fin al periodo de guerras religiosas, trazan las nuevas fronteras y colocan los cimientos del equilibrio entre los Estados nacionales. La respuesta de Francia fue la Revolución de 1789, que acabó, de la mano de Napoleón, con esta hegemonía estratégica. Es la misma época en que se pierde la guerra de las colonias y se entra en el siglo XIX con la Revolución Industrial, culminando así la hegemonía de Inglaterra y abriéndole el camino al imperio mundial. El monstruo alemán se despertó en la figura de Prusia pero, tras la victoria sobre Francia en 1870, fue derrotado y sometido en las dos guerras mundiales que desencadenó para asentar su hegemonía en Europa y el mundo. Por su parte, EEUU, una segunda Inglaterra, salió triunfante en las dos guerras mundiales y, a partir de la segunda, se convirtió en la potencia hegemónica del nuevo mundo; juega a ser el imperio mundial pero, para impedir un nuevo hundimiento y alargar la vida, ha tenido que entrar en una especie de guerra defensiva.


La trayectoria del poder es, por lo tanto, como el cauce que nace en Uruk y va aumentando su caudal con miles de afluentes para desaparecer en las aguas del océano a las puertas de Nueva York. Aunque lo más probable es que se desintegre, aun podría continuar hasta las costas de China.


Las dimensiones gigantescas a las que han llegado los problemas sociales y medioambientales han provocado la irrupción de sociedades democráticas dispuestas a construir sus propias civilizaciones, y, por eso, hoy es más previsible que una unión confederal democrática dé solución a los problemas globales que siga adelante pueda superar el culto imperial heredado de las viejas formas de Estado.


Estos supuestos sirven para colocar al capitalismo en el lugar que le corresponde.


El cauce principal, tras haber provocado un gran remolino en Holanda e Inglaterra, continúa su curso intensificando su tono y velocidad al recibir otras peculiaridades que le darán fluidez. Entre esos grandes afluentes se encuentra el Estado-nación, la nueva versión del Estado tradicional, y su industria, la mayor revolución económica tras la neolítica; que son factores que aceleran y avivan la civilización tradicional. De nuevo salta la pregunta:


¿dónde está el capitalismo? ¿en qué parte del Estado-nación y de la industria se encuentra?


Son preguntas de carácter económico cuyas respuestas no encuentro en la economía. Puede parecer extraño, pero, a mi juicio,


la verdadera propietaria de la economía es la mujer,


a pesar de todos los esfuerzos para anularla y colonizarla. Si queremos someter la economía a una valoración sociológica significativa, hemos de reconocer que la fuerza básica se encuentra en la mujer porque es ella quien cría a los niños, desde el vientre hasta que se mantienen en pie, y también es ella la responsable de la alimentación. Mi respuesta sociológica es más respetuosa con la realidad, aunque no olvide el lazo biológico. De hecho, debido a su papel en la revolución agrícola y en la recolección de alimentos durante millones de años, la mujer se mantiene como eje central no solo de la casa sino de otros ámbitos de la vida. El que los griegos, a los que se considera forjadores de la ciencia, dieran a la economía el nombre de “ley de la casa”, la ley de la mujer, supone un reconocimiento de una realidad que tenía miles de años. Después estarían, sin duda, los esclavos, los siervos y los obreros obligados a trabajar siempre bajo control de las fuerzas de la civilización, utilizando continuamente métodos despiadados para arrebatarles el excedente y la plusvalía. Y en tercer lugar están los artesanos, los pequeños comerciantes, tenderos, labradores y pequeños propietarios agrícolas que son algo más libres. Si a ellos les sumamos las profesiones liberales, como artistas, arquitectos, ingenieros, médicos, etc. habremos completado, aproximadamente, el cuadro. Es indiscutible que fueron estas clases y grupos sociales quienes hicieron girar la rueda de la economía a lo largo de la historia; entre ellos no hay ni capitalistas, ni señores, ni aghas, ni amos. Está claro que estas no son fuerzas económicas sino usurpadores, explotadores, colonialistas… fuerzas monopolistas que imponen desde fuera la explotación, las invasiones, el colonialismo y la asimilación del ser humano y de su trabajo. Lo que se impone desde fuera no es solo economía, capitalistas, grandes comerciantes, industriales y banqueros sino también señores, amos, políticos, militares e intelectuales partidarios de la civilización, que no son fuerzas económicas y que se imponen a la economía desde el exterior.


- Abdullah Öcalan



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