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Una Mujer que Creció en las Montañas de Zagros

  • 5 days ago
  • 2 min de lectura

Este poema fue escrito por Ruken Viyan Gever en homenaje a la compañera Emîne Erciyes, militante de vanguardia del PKK y del PAJK y comandante de las fuerzas guerrilleras femeninas YJA-Star, que cayó mártir en 2020 en las zonas de defensa de Medya.



Zagros…

No es solo una cordillera,

sino una brasa ardiendo en los corazones de la gente,

una antigua canción susurrada por la historia.

Y dentro de esa canción camina una mujer...


Sus pasos corren con el viento,

su mirada se clava más allá del horizonte.

Es paciente como la tierra,

fluida como el agua,

decidida como el fuego,

libre como el viento


Cuando las montañas Zagros la acogieron,

la criaron como un secreto. Porque estas montañas conocen a las mujeres.

Porque estas montañas fueron el primer lugar donde resonaron las voces de las mujeres,

encadenadas durante siglos.

Y esa mujer vino a las montañas para romper esas cadenas una a una.


Era una mujer turcomana. Pero no se limitaba a los códigos étnicos ni a las mentes nacionalistas estrechas.

Se reinventó a sí misma en el dolor y las esperanzas compartidas de los pueblos.

Se convirtió en una hermana en la honorable resistencia del pueblo kurdo,

una pionera en el camino de la liberación de la mujer,

una compañera en las montañas.


Cuando conoció a Rêber Apo,

una luz se encendió en los oscuros túneles de su mente.

Ya no era solo una buscadora,

sino una descubridora,

una transformadora

y una guía.


Encontró un nuevo significado en cada ladera de los Zagros.

Descubrió no solo la geografía, sino también su propio universo interior.


Para ella,

la vida guerrillera no era un escape,

era una confrontación.

Era una rebelión.

Era una revolución de siglos de feminidad, género, esfuerzo y conciencia reprimidas.


Y, sobre todo,

ella hizo esta revolución viviéndola.

Esas manos que cosieron una colcha para cubrir la espalda de un compañero en la noche más fría de la montaña.

Eran las mismas manos que defendieron el honor de un pueblo en el conflicto más candente.


A veces su voz se convertía en una canción,

a veces en un eslogan.

Pero siempre era la voz de una vida tejida con resistencia.


Las flores de la montaña Zagros florecían de manera diferente con ella.

Las rocas eran testigos de sus huellas.

Y el viento aún susurra su nombre en la niebla matinal:

«Esa mujer pasó por aquí...

Llevando la libertad sobre sus hombros...».

Porque no era solo un cuerpo.

Era una idea,

un alma,

una rebelión,

un amor.


Fue una mujer que creció en el Zagros,

se multiplicó en el Zagros,

se volvió inmortal en el Zagros



 
 
 
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